Así un conocido reaparece con un notable trabajo, el mejor de los que le he oído. Black Oath es uno de los proyectos más sólidos dentro del doom y reaparece con este sombrío y poderoso disco, Ov Qliphoth and Darkness.

Esta portada está genial. Da una idea exacta del carácter del disco: fúnebre.
El doom ha sido y es una de las líneas de desarrollo más interesante del metal. A diferencia de muchos de sus géneros hermanos dentro de la familia headbanger, es raro hallar en él que triunfe la mediocridad. Black Oath es una de las mejores bandas de la movida actual del género. Son italianos (como Paul Chain y Black Hole, enormes antecesores del doom peninsular) y se formaron en el 2006, así que son relativamente recientes. Yo ya había escuchado, con mucho agrado, su The Third Aeon (2011) y me pareció muy consistente y que a ese paso pronto estarían en el mismo nivel de grupos como Gates of Slumber o Reverend Bizarre (los actuales gigantes del estilo) y con esto veo confirmada mi profecía. Ov Qliphoth and Darkness es mucho más de lo que promete.

Obviamente el referente principal es el trabajo original de los Sabbath setenteros, sobre todo los tres primeros discos, pero con una mayor morosidad. También se puede encontrar vinculaciones con Solitude Aeturnus y a su compatriota Paul Chain. Esto está bien doom, en el sentido de que se han tomado en serio la idea de la pesadez. En el comentario anterior hablaba de The Magister Templi, pero este es un doom más tradicional, no hay nada épico, ni ceremonial, al menos no directamente, sino es rock pesado y punto. Cuatro instrumentos, poca floritura, voz hipnótica, melodías guitarreras salpicadas por ahí, pero sobre todo un paso lento y moroso como el de una avalancha de desolación y corrupción existencial. Música para un un zombi moral.

Yendo a la música, en este disco se llevan la atención la guitarra y la batería. El paso lento de esta está ejecutado por Chris Zorath, ex miembro de los blackers Gosforth de los que no sé nada (a veces qué poco me atrae el black), que acá se deleita marcando sendas marchas fúnebres para cada tema. Hace mucho uso de los platillos lo que le da cierta atmósfera al sonido en general. Es muy apreciable. A las voces tenemos a E.A. Zorath (¿hermanos?). Con un registro limpio, nada extraordinario, canto estándar, pero que la lleva muy bien y que genera un estilo hímnico muy aprovechable. Él también se dedica a la solitaria guitarra del disco. En esto sí sobresale. El disco apenas y tiene solos, uno que otro y son un tanto enloquecidos, pero los riffs que acompañan a los temas son avasalladores, verdaderas aplanadoras metálicas. El bajo está a cargo de Paul Vomit y como de costumbre es el pilar rítmico que presta a la banda la solidez y densidad que el estilo requiere. No por ello se roba el protagonismo digamos que está ahí esencialmente, pero no anda llevándose la atención. Sin él, sin embargo, no habría mayor sonido.

La producción del disco es muy clásica, se han esforzado en replicar la atmósfera de los 70. Quizás hasta hayan empleado algún equipo analógico, eso sí el volumen es como en las producciones actuales. No es un sonido aséptico sino más bien con mucho grano (aunque sin exagerar), pero sí es limpio. Todo se distingue con claridad. En eso quizás se parezcan un poco al Sabbath Bloody Sabbath.

Los temas son solo 8, un tanto largos, ninguno de relleno, pero me ha llamado la atención en particular Scent Of A Burning Witch, por la supermarcha que se manda hacia la mitad. El solo de guitarra en Witch Nigth Curse es fabuloso. En general sería cosa de que lo oigan pues estamos ante un producto mayor. Una demostración de los resultados estéticos que logra la coherencia y la persistencia. Black Oath, nuevos gigantes del doom.